TRATAMIENTO PSÍQUICO
Nuestro estado mental es básico en nuestro estado de ánimo. Si no es por motivos “puramente” físicos, una mente sana es un cuerpo sano.
Tenemos la fea costumbre, no por culpa nuestra, de medicarnos ante cual anomalía física o psíquica, sin darle tiempo a nuestras propiedades inmunológicas de actuar. Estamos en la sociedad de la prisa: prisa para jugar, aprender, trabajar, me pregunto si para morir también... Tenemos tanta prisa para hacer las cosas, que nuestra vida pasa en un “pis-pas” y cuando nos damos cuenta, resulta que esas cosas en su mayoría eran vanales, habiendo perdido un tiempo precioso para dedicárselo a la familia, a aquellos hobbies que siempre soñamos y nunca hicimos..., para lo que nos diera la gana... leí en un sobre de azúcar que “muchas veces estamos tan empeñados en busca la felicidad plena, que no nos damos cuenta de todos aquellos momentos de alegría que nos dan parte de esa felicidad”.
Tengo mucho trato con personas de la 3º edad y, en su mayoría coinciden en que si pudieran retroceder en el tiempo, dedicarían gran parte de éste a estar más tiempo con sus hijos y a desarrollar sus hobbies; ninguno me dice que lo utilizaría para trabajar mas o amasar más dinero. Mi padre me decía que el hombre más rico no es que más tiene, sino el que menos necesita, el que con menos se conforma.
¿Nos hemos preguntado alguna vez, si los jóvenes de hoy son tan agresivos porque han aprendido de nosotros a tener prisa? Si son así, ¿por que sienten desde jóvenes, frustración por no conseguir en poco tiempo lo que a nosotros nos ha costado tanto conseguir, a veces toda una vida? ¿Hablamos con ellos lo suficiente? ¿Les contamos anécdotas de nuestra niñez, juventud o madurez? ¿Les aconsejamos o les ordenamos?... Y ustedes jóvenes, ¿escuchan a sus mayores? ¿les abrazan, les sonríen, les hacen sentirse felices?... Son motivos, para algunos, que les hacen caer en picado en una depresión o estados de ansiedad y que, como siempre, pretendemos curar yendo al especialista que pretende también con antibióticos y antidepresivos, resolver lo que a larga termina, realmente, hundiéndoles mas en el fango... Son preguntas cuyas respuestas sólo están dentro de nosotros y que tenemos que tener la suficiente valentía para respondernos y paliar el daño en la medida de lo posible, antes de que sea tarde.
Por todo esto, y para no cansar, lo primero que hago cuando una persona (enfermo), viene a una terapia, de la índole que sea con estos síntomas de depresión, es trabajar la mente. Hago unas terapias de relajación mental a las que llamo “Terapia de los tres pasos” o “De los tres escalones”:
La primera para aprender a separar el cuerpo de la mente; “enseñarles” a dormir y descansar. El sueño es el gran reparador del cuerpo.
La segunda para una vez que se ha conseguido lo primero, aprender a resolver sus problemas intentando eliminarlos por si mismos.
La tercera para tener la suficiente fuerza mental como para afrontar los inconvenientes, en el momento en que se presentan, sin hacer montañas de granos de arena eliminando su meditación poco a poco. Llegan a dejarla completamente al llegar a esta terapia.
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